Con estas palabras queremos conmemorar y rendir homenaje a dos grandes de la patria Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.

Fallecieron con tres días y un año de diferencia, en 1820 y 1821. Con sus desapariciones, se puede decir que –simbólicamente- se cierra la llamada década revolucionaria. Es público y notorio que sus personalidades eran muy diferentes. No tanto así su extracción social. La aristocracia salteña de la que formaba parte Güemes conformaba el mismo sector que el de la burguesía criolla emergente a la que pertenecía Belgrano. Pero la ubicación geográfica establecía parámetros de vida completamente distintos, formaciones diferentes. El atildado don Manuel, ex miembro prominente de la burocracia virreinal, jefe del Consulado-por aspecto-, poco tenía que ver con el gaucho del norte, de barba crecida y manos callosas.

Las invasiones inglesas los tuvieron como protagonistas desde muy distintos roles. Uno, Martín, como subteniente, realizó algunas acciones arrojadas que mostraron su temple; el otro custodió los sellos reales y se retiró con ellos a la Banda Oriental. Pero ambos se sumaron a las milicias que serían decisivas en adelante, desde 1806 en que todavía se mezclaban los gritos de ¡Viva la patria! con los de ¡Viva el rey!

La Revolución de Mayo y la guerra de la independencia los lanza a la primera fila. Belgrano, abogado, economista, político, debe forjarse militar “a la carrera”, Güemes, en cambio es “hombre de armas tomar” desde muy joven.

Pero la Revolución trae consigo una idea, la idea de cambio; de cambio drástico, profundo, de esos que no tienen retorno. Y la revolución plantea los problemas de fondo -la soberanía popular- y exige “ir al fondo”. Ambos aceptan ese desafío y eso los cruza en la vida. Belgrano a la cabeza de ejércitos regulares formales; Güemes, con su división de infernales del Norte; el primero presenta batallas clásicas las de Tucumán y Salta, ejército contra ejército, el otro hace guerrillas y elude los enfrentamientos francos.

En las cuestiones internas tendrán matices: Belgrano, como porteño, se involucra contra los “pueblos libres”; el salteño no deja de exhibir una moderada simpatía por los “federales”. Pero ambos conjugan sus fuerzas para que el Congreso de Tucumán resulte exitoso.

Sus diferencias no fueron obstáculo para que entablaran una poco conocida relación de mutuo respeto, amistad y afecto. Una nutrida correspondencia da cuenta de ella. En una de aquellas cartas le decía Manuel a Martín al que se dirigía como “amigo y compañero querido”.

“Hace Ud. muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas.”

Y fue así como en una profecía autocumplida hacia 1819, discutido, calumniado y abandonado por esa patria por la que todo había dado, se agrava su estado de salud. A las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820, sin que nadie lo notara en esa caótica Buenos Aires del “Día de los tres gobernadores” moría Manuel Belgrano. Alcanzó a decir unas últimas palabras “Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias. Ay Patria mía. Su muerte se produjo ante la presencia de unos pocos amigos y en la pobreza más absoluta. Su cuerpo fue envuelto en el hábito de los Dominicos y sepultado en una humilde caja de pino.

Hoy en todo el ámbito de la patria flamea gloriosa la bandera de Belgrano. ¿Qué otro emblema nos identifica de manera tan unánime? La bandera inspiró los esfuerzos de la emancipación, alentó a los hombres decididos a dar su vida por la patria, flamea en las selvas y en los montes, en las pampas y en las inmensidades oceánicas, supo cubrir en su infortunio a los héroes de Malvinas y nos acompaña cada mañana en la cotidiana tarea de enseñar y aprender.

La bandera es lección, mensaje y desafío. En sus pliegues se resume lo que fuimos, logrado a fuerza de sacrificio y perseverancia, lo que somos, como pueblo que lucha y reclama por sus derechos y lo que seremos, proyectando un futuro justo, próspero, en el que esperamos alcanzar la paz social nacida de la honradez de gobernantes y gobernados, del respeto por la ley y de la vocación hacia el bien común de cada uno de los miembros de la sociedad.

Nuestra bandera surgió del sueño de un patriota, que creó el símbolo sin caracteres bélicos, sin rencores ni odios, sin mezquindades ni ambición de poder. Honremos la figura de Belgrano, honrando su creación. Respetemos los colores patrios no solamente con las palabras, sino con los hechos y las obras. Le otorguemos un significado, levantémosla con orgullo y con patriotismo. Entonces, solo entonces, el sacrificio de este hombre recobrará sentido y se hará justicia.

Estudiantes de 1° año y 4° año destacan el legado permanente de Manuel Belgrano, de su vida y obra, entre ellos el que vemos a diario simbolizado en nuestra Bandera Nacional, que orgullosamente flamea en nuestro Instituto.

Agradecemos la colaboración de nuestros queridos estudiantes.